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El regalo que sin saberlo me salvó un poco la infancia

 

En mi vida, los regalos de Navidad nunca fueron algo especialmente importante. Claro, siempre se agradecen, y más cuando vienen de alguien a quien quieres, porque pueden convertirse en un símbolo sincero de lo que sientes —o de lo que sienten por ti—. Pero durante muchos años no les di mayor peso.

Tal vez mi mamá nunca lo supo, pero el día que me regalaron una Nintendo fue increíblemente fenomenal. Ese regalo abrió para mí un mundo completamente nuevo. Un lugar donde podía dejar atrás un mundo que a veces se sentía abrumador y entrar en otro lleno de fantasía, aventuras e historias increíbles.

No sabía inglés, pero eso no importaba. Las ilustraciones eran suficientes para entenderlo todo: rescatar a la princesa, ganar la pelea, completar el nivel, llegar al jefe final. Y solo el hecho de alcanzar esa etapa ya te volaba la cabeza. De alguna forma, ese mundo virtual me permitía escapar de problemas que, siendo niño, parecían enormes. Ahí todo tenía solución: si fallabas, lo intentabas de nuevo; si caías, aprendías el camino correcto.

Recuerdo con muchísimo cariño mi primera Nintendo. La cortina se abría como si levantara el telón de una obra épica, mostrándome uno de los juegos más impresionantes que había visto en mi vida. Sin saberlo, ya existía una precuela de esa historia: Super Mario Bros. 3. Un juego sin checkpoints, donde cada jefe era más difícil que el anterior y donde las animaciones eran tan innovadoras e hipnotizantes que no solo cambiaron la vida de algunos, sino que tocaron el corazón de millones de personas.

Tardes enteras con mi primo Roger y mi hermana, conviviendo, turnándonos el control, intentando una y otra vez pasar niveles increíblemente bien diseñados para retarnos y entretenernos. Más que un videojuego, era un punto de encuentro, una excusa para compartir y reírnos juntos.

Lo que mi mamá no sabía es que ese regalo me ayudó a escapar de muchas de mis agonías como niño. Hoy entiendo que no todas eran tan “normales” como yo pensaba en aquel entonces. Sin querer, ese regalo me permitió recuperar y disfrutar una parte de mi infancia de una manera muy especial.

 

¿Y a ti? ¿Qué juguete dejó una huella tan profunda en tu vida que la hizo un poco más llevadera?